NOVIEMBRE 2005: ESPECIAL SANTOS MÁRTIRES

Misa en honor de San Acisclo y Santa Victoria
Peregrinación jubilar de las cofradías a San Pedro
Triduo a los Santos Mártires
Nueva edición del ‘Opúsculo martirial’
Clausura del Año Jubilar en la Catedral y nombramiento de la parroquia de San Pedro como basílica menor
¿Qué es una basílica menor? ¿Qué representa este nombramiento?

El Papa eleva la parroquia de San Pedro a la dignidad de basílica menor

En la solemne misa de clausura el Año Jubilar de la Eucaristía y de los Santos Mártires celebrada en la Santa Iglesia Catedral el día 26 de noviembre, el obispo de Córdoba, monseñor Juan José Asenjo Pelegrina, dio a conocer con gran alegría a los asistentes que el pasado miércoles, 23 de noviembre de 2005, Su Santidad el Papa Benedicto XVI ha tenido a bien elevar el templo parroquial de San Pedro a la dignidad y la categoría de basílica menor, siendo éste el primer templo cordobés que alcanza dicho reconocimiento por parte de un Sumo Pontífice. El prelado empleó exactamente estas palabras:

“Es también para mí un gran honor anunciaros que el pasado miércoles, día 23, el Santo Padre Benedicto XVI ha tenido a bien erigir la iglesia parroquial de San Pedro de esta ciudad, en la que se guardan las reliquias de nuestros mártires, como basílica menor, con los derechos y privilegios inherentes a su condición. Quiera Dios que todo ello sirva para acrecentar en toda la diócesis el conocimiento y la veneración de estos testigos de la fe”.

Puede leerse en su integridad la homilía pronunciada por el obispo en la Misa de clausura del Año Jubilar haciendo clic aquí.

Así dio la noticia la prensa local de Córdoba del 27 de noviembre de 2005:

DIARIO CÓRDOBA
ABC CÓRDOBA
EL DÍA DE CÓRDOBA

El Papa erige la parroquia de San Pedro como basílica menor

ANTONIO VARO

Ante más de mil personas, al término de la homilía en la misa de clausura del Año Jubilar de la Eucaristía y de los Santos Mártires, el obispo regaló a los asistentes y a la diócesis de Córdoba dos noticias que prolongarán para la historia estos meses de recuerdo y vigencia de los primeros santos cordobeses: por un lado, según informó el prelado, el cardenal Francis Arinze, prefecto de la Sagrada Congregación del Culto Divino, había aprobado el pasado día 15 el calendario propio de nuestra diócesis, que supondrá unos textos de la liturgia de las horas y para las misas exclusivos de las fiestas propias de Córdoba; por otro, el propio papa Benedicto XVI firmó el pasado miércoles el nombramiento de la parroquia de San Pedro como basílica menor, primer templo cordobés que alcanza esta distinción.

La misa de clausura del Año Jubilar, en la que concelebraron con Juan José Asenjo varias decenas de canónigos y sacerdotes, fue oficiada en el histórico rito hispano--mozárabe: el hermoso y peculiar ceremonial de nuestros ancestros fue seguido con interés y emoción por los fieles que llenaban la capilla mayor, el coro y dos naves de la Catedral.

Actualidad

También en la homilía, el obispo recordó insistentemente, hablando de los Santos Mártires, que “hemos de procurar que sus figuras no se conviertan en mera arqueología”. Los Mártires, en efecto, muestran un camino de evangelización y un motivo de credibilidad “especialmente luminoso y atrayente en el caso de nuestros mártires de los primeros siglos y de la época mozárabe y muy especialmente de los mártires del siglo XX”.

Para Juan José Asenjo, “los santos y beatos son el más grande y genuino patrimonio de la humanidad, incluso desde una perspectiva puramente civil y social” por los valores que vivieron.

Tampoco se olvidó el prelado de agradecer la colaboración de los sacerdotes, personas consagradas y laicos que han participado y acogido el Año Jubilar, un “acontecimiento de gracia que estoy seguro de que ha contribuido a renovar la vida cristiana de muchos fieles”; también recordó con emoción agradecida al papa Juan Pablo II, de feliz memoria, que concedió a la diócesis de Córdoba la indulgencia plenaria para esta ocasión.

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El histórico templo custodia y venera “el tesoro mayor de esta ciudad”

Lo dice una lápida de mármol blanco en su exterior: “El tesoro mayor de esta ciudad / tras este muro descubierto fue”. El tesoro son las reliquias de los Santos Mártires, y el muro, el de la capilla del Sagrario. Gracias a ese tesoro, de cuyo hallazgo de celebró tanto el 430 aniversario como la solemne conmemoración litúrgica, se ha obtenido la distinción.

Según establecen las normas y la tradición, el nombramiento de basílica menor se deberá festejar con celebraciones litúrgicas solemnes para darla a conocer en un momento preciso: inmediatamente antes del rezo o el canto del ‘Gloria’.

La alegría de los feligreses de San Pedro ante este honor para su parroquia se vio empañada por la noticia del fallecimiento de un hermano del párroco y canónigo Antonio Jurado Torrero, que hoy será enterrado en Villafranca. Descanse en paz.

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El obispo anuncia que el Vaticano ha declarado basílica menor a San Pedro

ABC. CÓRDOBA/

El obispo de Córdoba, Juan José Asenjo, anunció ayer que el Papa Benedicto XVI erigió el miércoles a la iglesia parroquial de San Pedro de la capital cordobesa,donde se guardan las reliquias de los Santos Mártires, cordobeses como Basílica Menor. Este anuncio fue realizado durante la homilía con motivo de la clausura del Año Jubilar, dentro del XVII Centenario de los Santos Mártires de Córdoba y Año de la Eucaristía. Asenjo mostró su deseo de que dicha distinción “sirva para acrecentar en toda la Diócesis el conocimiento y la veneración de estos testigos de la fe”.

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El Papa designa la parroquia de San Pedro como basílica menor agregada a Roma

RAFAEL C. MENDOZA

El obispo, Juan José Asenjo, anunció ayer en la clausura de los actos del 1.700 aniversario de los Santos Mártires de Córdoba, que el Papa, Benedicto XVI, ha designado la parroquia de San Pedro como basílica menor. De esta forma, este templo se convierte en el primero de la provincia en contar con este rango y se une, así, a una privilegiada nómina en la que figuran iglesias como la de Guadalupe, en Cáceres; la Macarena, en Sevilla; el Pilar, en Zaragoza; o Montserrat, en Barcelona. Esta distinción papal llegará acompañada de una serie de concesiones, como la posibilidad de incorporar algunos emblemas vaticanos en sus procesiones, como el llamado pabellón o canopeo, o el uso de la capa magna, una prenda reservada casi en exclusiva a los cardenales.

La designación de San Pedro como basílica menor, que estará agregada a una de las cuatro grandes de Roma –San Pedro, San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo–, representa la guinda a los actos conmemorativos del aniversario de los Santos Mártires de Córdoba. El descubrimiento de la iglesia de San Vicente, situada bajo la Mezquita, a través de unas cristaleras, la declaración del año jubilar cordobés o la procesión extraordinaria que presidió el pasado sábado la Reina de los Mártires suponen otros de los grandes logros sumados por la diócesis en los últimos meses.

Asenjo mostró su deseo de que dicha distinción “sirva para acrecentar en toda la Diócesis el conocimiento y la veneración de estos testigos de la fe”. Asimismo, el prelado informó de la firma del rescripto de aprobación del calendario propio de nuestra diócesis a cargo del cardenal Francis Arinze, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Cabe recordar que Arinze fue quien presidió en 1986 la misa de clausura del duodécimo centenario de la construcción de la Mezquita.

Durante la homilía, el obispo pidió a los fieles la recuperación del rezo del rosario al término de cada jornada y denunció la intromisión de la televisión, “que en tantas ocasiones es el Evangelio al revés”.

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¿Qué es una basílica menor? ¿Qué representa este nombramiento?

¿Qué es una basílica? ¿Qué diferencia hay entre una basílica mayor y una basílica menor? La palabra “basílica” viene del griego griego basiliké que significa “regia o real”, y viene a ser una elipsis de la expresión completa “basiliké oikía” que quiere decir “casa real”. En la Roma pagana, las basílicas acogían la administración de justicia, y a la llegada de la libertad de cultos con Constantino se aprovechó su planta y su esquema arquitectónico para los primeros templos cristianos abiertos fuera de la clandestinidad.

Basílicas mayores sólo hay cuatro en el mundo, y todas están en Roma: son las de San Juan de Letrán (la catedral de Roma como diócesis), San Pablo Extramuros, Santa María la Mayor y San Pedro del Vaticano. Primitivamente hubo tres más, también en la Ciudad Eterna, dedicadas respectivamente a San Sebastián de las Catacumbas, San Lorenzo Extramuros y la Santa Cruz de Jerusalén. Las basílicas mayores tienen varias prerrogativas, la principal de las cuales es la existencia de una Puerta Santa, que sólo se abre en los años jubilares; también disponen de un altar papal donde sólo puede celebrar la misa el Papa o algún sacerdote u obispo que cuente con una autorización expresa del Pontífice.

Basílicas menores, en cambio, son otros templos diseminados por la Cristiandad que, por su importancia pastoral, por sus circunstancias históricas o por otros aspectos de cierto relieve obtengan ese privilegio. En España hay varias, como el Pilar de Zaragoza, San Lorenzo de El Escorial, la abadía de Montserrat en Barcelona o, ya en Andalucía, los templos del Gran Poder o la Macarena de Sevilla. Pero en Córdoba no había, hasta el momento, ningún templo que hubiera alcanzado esta distinción, si bien algunas congregaciones o cofradías tienen vinculaciones más o menos artificiales con alguna de las grandes basílicas romanas.

Los privilegios y honores que confiere el nombramiento de basílica menor son, obviamente, de carácter espiritual. Entre ellos se señala que, cuando se anuncie públicamente la concesión del título de basílica por parte de la Santa Sede, se debe festejar con predicaciones oportunas, vigilias de oración y otras celebraciones en los días precedentes y siguientes a la proclamación del título. En esos días, cuando se celebre la misa, –en concreto, antes del Gloria– se da lectura al breve apostólico por medio del cual esa a iglesia ha sido elevada a basílica.

Los fieles que participen en cualquier rito sagrado que se celebre en una basílica menor pueden lucrar la indulgencia plenaria con las condiciones habituales (confesión, comunión sacramental y oración por las intenciones del Papa) durante varios días a lo largo del año, como son el aniversario de la dedicación de la basílica, el día de la fiesta litúrgica del titular (en San Pedro, el 29 de junio); el aniversario de la concesión del título de basílica (el 23 de noviembre) y una vez al año en el día que establezca el obispo del lugar, y que en el caso de que ahora se trata podría ser la festividad de San Acisclo y Santa Victoria (17 de noviembre).

Otro privilegio, más bien protocolario pero de suma distinción, es que se podrá usar en las banderas, el ajuar litúrgico o en el sello de la basílica la insignia pontificia, es decir, las llaves entrecruzadas, aunque la parroquia de San Pedro, debido al titular que tiene, ya utiliza este emblema.

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Solemne triduo a los Santos Mártires en San Pedro

Durante los días 23, 24 y 25 se ha celebrado en San Pedro, con gran asistencia de fieles (más de cien personas cada día) el solemne triduo a los Santos Mártires de Córdoba. Las homilías de los tres predicadores –Mario Iceta Gavicagoeascoa, vicario de la Campiña, Manuel Hinojosa Petit, vicario de Córdoba ciudad, y Santiago Gómez Sierra, vicario general de la diócesis– tuvieron por común denominador la llamada de atención sobre los Mártires como ejemplos de fe comprometida y de cristianismo coherente hasta el extremo, símbolos de cómo un fiel cristiano, sea cual sea su condición y su estado, está llamado a hacer presente en su vida y en su entorno el mensaje del Evangelio, aunque no tenga que derramar materialmente su sangre como seña de este testimonio.

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Peregrinación jubilar de las cofradías a San Pedro

La tarde del sábado 19 de noviembre de 2005 se recordará en Córdoba como una de los días grandes de la religiosidad popular. Más de 80 cofradías de la diócesis, que sumaron casi un millar de personas, participaron en la Peregrinación Jubilar de las Cofradías a la parroquia de San Pedro, para asistir a la misa presidida por el obispo en la que muchos cientos de asistentes lucraron la indulgencia plenaria. La Peregrinación, organizada conjuntamente por las hermandades de la Buena Muerte y la Misericordia, tuvo el atractivo añadido de la presencia de la sagrada imagen de Nuestra Señora Reina de los Mártires en su paso de palio, que dibujó en la retina y en la memoria de cuantos asistieron a la Peregrinación escenas maravillosas, inolvidables y muy probablemente irrepetibles.

Sobre este acontecimiento versa el siguiente reportaje gráfico:

La bandera de nuestra hermandad a su paso por Las Tendillas
La Reina de los Mártires en su palio. Lleva sobre el pecho una antigua medalla de plata de la hermandad de los Santos Mártires. Foto: www.lamiradacofrade.net
La Reina de los Mártires en la Corredera
La nave central de San Pedro minutos antes del comienzo de la misa
La Reina de los Mártires entra en el cancel de San Pedro
El paso de palio de la Reina de los Mártires ante la capilla del Sagrario de San Pedro
Breve secuencia de vídeo con la Reina de los Mártires ante la Capilla del Sagrario y de los Santos Mártires en San Pedro
Otra vista del paso de la Reina de los Mártires ante la capilla del Sagrario
El paso de la Reina de los Mártires se dirige a la capilla del Santísimo Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo
El paso de la Reina de los Mártires ante la capilla del Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo
El señor obispo, en el presbiterio, presencia el paso de la Reina de los Mártires

Pueden leer a continuación las crónicas que sobre esta Peregrinación publicaron, en sus números del 20 de noviembre, los tres periódicos locales de Córdoba:

DIARIO CÓRDOBA
ABC CÓRDOBA
EL DÍA DE CÓRDOBA

‘Salve, Regina Martyrum cordubensium’...

ANTONIO VARO

Sublime paradoja la de ayer: si en las cortes humanas los vasallos cumplimentan a sus reyes, en la peregrinación jubilar de las cofradías fue la Reina de los Mártires la que se desplazó a San Pedro para felicitar a dos súbditos suyos que hace diecisiete siglos fueron los primeros hijos de esta tierra que dieron su vida por la fe del Crucificado.

Y por eso, la Reina por antonomasia —a ninguna imagen como a la cotitular de San Hipólito se le aplica este tratamiento— fue con un séquito nutrido: más de 80 hermandades de la diócesis estaban allí con sus estandartes, presididas —junto a la Agrupación de Cofradías— por la Buena Muerte y la Misericordia. Rojo martirial y sacramental blanco en los cirios, blancas las rosas a los pies de la Señora, puestas por Antonio López con el mismo cariño con que Rafael Carmona había vestido a la Señora, que lucía en su pecho una antigua medalla de la hermandad de los Mártires cedida por la viuda de Angel Trujillo, hermano mayor que fue de la misma.

Con música

Al salir el paso de palio, se hizo realidad una quimera que han soñado alguna vez todos los que ven a la Buena Muerte en la oscura y silenciosa Madrugada del Viernes Santo: la Reina con luz del día y con música acariciando el oro de sus terciopelos. Las dos primeras marchas que sonaron fueron obviamente Salve Regina Martyrum y Saeta cordobesa, piezas de Gámez Laserna dedicadas a su hermandad; luego, un amplio repertorio que hacía que se pellizcaran los que contemplaban la escena: no era una ilusión óptica, era la Reina de los Mártires andando con Pasa la Macarena, Estrella Sublime, Cristo por la Alcazaba o Lágrimas y Desamparo. La Oliva de Salteras a la ida y el Maestro Tejera en el retorno ocultaron con sus sones, por una vez, el inconfundible repiqueteo con que los flecos de bellota y los bordados se besan con los varales incomparables. Bajo el paso, costaleros de la Buena Muerte y algunos de cuadrillas anteriores de la Sentencia; al llamador estaba Lorenzo de Juan, satisfecho de ser el capataz de una ocasión irrepetible que cuando pasen los años los cofrades de hoy narrarán emocionados a sus nietos.

Misa jubilar

En San Pedro no cabía un alfiler. Al llegar el palio ante el cancel, Carlos Urbano y Manuel Ramírez —hermanos mayores del Silencio y el Silencio Blanco respectivamente— se abrazaron con brillos en los ojos. La Virgen pasó ante la capilla del Sagrario, se detuvo a que su Hijo sacramentalmente escondido la viera, y lanzó una mirada llena de ternura a las reliquias de sus hijos Mártires antes de colocarse ante el presbiterio donde el obispo celebró la misa jubilar. Un mensaje de conversión en sus palabras, una llamada al testimonio cristiano en este tiempo nuestro, un estímulo a que las cofradías ahonden su actividad en el pozo inagotable de la fe.

Muchos cientos de cofrades ganaron la indulgencia del Año Jubilar. Y todos, incluso sin saber latín, seguramente rezaron para sus adentros: Regina Martyrum cordubensium, ora pro nobis : Reina de los Mártires de Córdoba, ruega por nosotros.

(Enlace a la publicación original)

El dulce martirio de la Reina

BERNARDO RUIZ

La titular de la Hermandad de la Buena Muerte presidió la misa jubilar de las cofradías, predicada por el obispo en la Iglesia de San Pedro. La Reina de los Mártires recuperó una estampa de antaño, cuando, a principios de los 60, procesionó en la tarde del Viernes Santo

Eran las 16.41 horas cuando la Córdoba cofrade recuperaba una estampa perdida en el recuerdo. La Reina de los Mártires, titular de la Hermandad de la Buena Muerte, iniciaba su recorrido procesional con el sol acariciando el pórtico principal de la Colegiata de San Hipólito. La imagen que tallara Castillo Lastrucci se mecía al son de Madrugá, una marcha clásica en el repertorio cofrade.

La multitud que se había congregado en la céntrica plaza iba a contemplar una estampa que, desgraciadamente, es extraña para algunos, quienes deciden, en plena Madrugada cordobesa, peregrinar hacia otros puntos estratégicos de la Andalucía cofrade. La revirá o los primeros pasos hacia Gran Capitán fueron distintos, especiales. Los sones de la banda de música de Nuestra Señora de la Oliva de Salteras (Sevilla) acompasaban el caminar de la Reina de los Mártires, que engalanó el centro de la ciudad.

El rachear de las zapatillas de esparto de los costaleros o el suave sonido que produce el tintineo de las bambalinas en la Madrugada del Viernes Santo fueron solapadas por Saeta Cordobesa, su marcha. Era una manera distinta de gozar con su rostro, con su dulce imagen bañada entre rosas blancas.

La comitiva enfiló hacia las Tendillas, a través de Concepción y Gondomar, antes de alcanzar Capitulares, donde la Corporación Municipal entregó a la talla el broche de la ciudad y se unió al cortejo bajo mazas. Con los sones de la banda hispalense, el palio se adentró en el barrio de San Pedro antes de presidir la misa jubilar. En el templo se venera la urna de los Mártires, cuya réplica está incorporada en su palio.

Emotivo regreso

En el regreso, con la oscuridad de la noche y algunas gotas, la Reina de los Mártires se paseó con dulzura, sin prisas, con la sensación de que esa sí era su hora, su momento ideal para lucir los fantásticos bordados sobre terciopelo rojo de Esperanza Elena Caro, la espectacular orfebrería de Jesús Domínguez o los múltiples símbolos martiriales que completan una imagen única. El paso, acompañado por la banda del Maestro Tejera, regresaba al centro de una forma especial. Sonó para Ella Salve Regina Martyrum, pieza musical que compuso Gómez Laserna.

(Enlace a la publicación original)

Rojo de palmas martiriales

JESÚS CABRERA

El jubileo de las cofradías en el Año de los Santos Mártires venció las leyes de la física. Si la luz blanca es la unión de todos los colores, en la tarde de ayer la conjunción de la pluralidad cromática de las decenas de estandartes llegados de toda la Diócesis arrojó otro tono: el rojo. El rojo de la sangre derramada por Acisclo y Victoria hace 17 siglos estuvo en los terciopelos que envuelven a la Reina de los Mártires y en las dalmáticas de los acólitos. Fue rojo el cielo del anochecer amenazando una lluvia que cayó en la plaza de San Pedro y rojas las corbatas de muchos cofrades, así como las flores de la parroquia que custodia las reliquias de los mártires, “El tesoro mayor de la ciudad”, como explica una lápida en su fachada lateral.

Rojo en una tarde de cielo gris para una Virgen adornada con rosas blancas. Rojas las notas de Salve Regina Martyrum, la marcha que Pedro Gámez Laserna dedicó a esta imagen hace más de medio siglo y que hasta ayer no se le tocó en la calle. Momento histórico en una jornada extraordinaria dedicada a recordar en las figuras de Acisclo y Victoria a todos aquellos cordobeses que a lo largo de la historia han dado la vida por su fe. Desde el monje Isaac hasta el niño Pelagio, desde Fausto, Genaro y Marcial hasta Domingo Henares, desde Sabigoto y Leocricia hasta Nicolás Alberca y Victoria Díez. Mártires de Córdoba que no están tan olvidados y que impregnan de topónimos las calles.

Rojo en los jirones de una tarde que se resiste a marcharse y rojo en la bandera de la ciudad que cuelga de la fachada del Ayuntamiento. Rojo en los ropones de los maceros municipales y rojo y oro en los cordones que lleva al cuello la Corporación municipal.

Rojo de plata en cada uno de los medallones del respiradero del paso y rojo en las heridas de los patronos que acompañan a la Virgen del Socorro en el retablo de su ermita abierta del par en par al paso del jubilar cortejo. Rojo en la fachada de La Corredera y rojo en el camarín del altar mayor de San Pedro.

El color de la sangre que empapó las orillas del Guadalquivir protagonizó una celebración en la que se batieron las palmas que portan los mártires en su triunfo —“Atletas de la fe”, les llamaban los antiguos cronistas— y que la Virgen de San Hipólito llevó, como el mejor adorno, sobre su manto.

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Misa en honor de San Acisclo y Santa Victoria

Capilla del Sagrario y de los Santos Mártires, durante la veneración de las reliquias
Estandarte sacramental de la hermandad escoltado por las imágenes de los Patronos
Un momento de la misa presidida por el señor obispo
Cartela que recordará el Año Jubilar de la Eucaristía y de los Santos Mártires (inacabada)

Con gran asistencia de fieles, que ocuparon la totalidad de los asientos disponibles, se celebró el día 17 de noviembre en la parroquia de San Pedro el primer acto de los cultos en honor de los Santos Mártires: la misa de rito romano presidida por el obispo en la que se conmemoró de forma muy especial el XVII Centenario de su martirio. La solemne eucaristía fue presidida por monseñor Juan José Asenjo Pelegrina, obispo de Córdoba, y con él concelebraron nueve canónigos y sacerdotes. Pueden leer la homilía que pronunció el prelado haciendo clic aquí.

En la hornacina central del retablo mayor estaba colocado el estandarte sacramental de nuestra hermandad, escoltado por las dos imágenes de los Patronos, recientemente restauradas en el taller de restauración Miguel Castillejo.

Al término de la solemne celebración eucarística, el obispo descubrió una cartela situada junto a la capilla del Sagrario y que, en lo sucesivo, recordará el Año Jubilar de la Eucaristía y de los Santos Mártires. El texto de la cartela, que aparece escoltado por los emblemas del obispo de Córdoba y del Sumo Pontíficie, dice lo siguiente:

“SIN LA EUCARISTÍA NO PODEMOS VIVIR”

EN MEMORIA AGRADECIDA AL SEÑOR POR EL TESTIMONIO DE LOS SANTOS MÁRTIRES, EN EL AÑO JUBILAR DEL XVII CENTENARIO DE SU MARTIRIO, AÑO DE LA EUCARISTÍA

CÓRDOBA, 22 DE ENERO AL 27 DE NOVIEMBRE DE 2005

Reproducimos a continuación el reportaje que sobre esta misa en honor de los Patronos publicó el diario Córdoba el día 18 de noviembre:

Los patronos salen del olvido

El obispo ensalza en su día a San Acisclo y Santa Victoria como “semillas del frondoso árbol del cristianismo en Córdoba” y recuerda que la llamada a la santidad es para todos

ANTONIO VARO

Hace menos de una década, sólo dos decenas de cordobeses asistieron a la misa en honor de San Acisclo y Santa Victoria que se celebró tal día como ayer en la ermita de la Ribera. Ayer, en San Pedro, no había asientos libres y hubo fieles que siguieron la ceremonia litúrgica de pie. Los patronos originarios de la ciudad y la diócesis de Córdoba comienzan a salir del olvido en que la ciudad los ha tenido postrados durante demasiado tiempo; un olvido que aún subsiste en parte, porque por ejemplo no hubo representantes de ninguno de los tres grupos políticos del Ayuntamiento.

Los fieles llenaban el templo. El Orfeón Cajasur, en la nave del evangelio, estrenaba director. En el presbiterio, el obispo y nueve concelebrantes casi todos ellos canónigos. Y en el centro del retablo, el doble simbolismo eucarístico y martirial del Año Jubilar en que nos encontramos se plasmaba en la presencia del estandarte sacramental de la hermandad de la Misericordia, escoltada por las dos imágenes de San Acisclo y Santa Victoria recientemente restauradas –a iniciativa de la cofradía– por Rafael Valverde en el centro de restauración Miguel Castillejo.

Llamada universal

El prelado, después de recordar los datos históricos sobre la persecución de Diocleciano y su virulencia en nuestra ciudad, destacó inmediatamente el significado de los dos mártires para los cristianos de hoy: “El amor de Dios manifestado en Cristo Señor Nuestro es más fuerte que la muerte y robustece a los mártires de todos los tiempos”, dijo Juan José Asenjo, que continuó: “Ellos constituyen la semilla del árbol frondoso del cristianismo en Córdoba, haciendo verdad la palabra de Jesús: si el grano de trigo no muere, queda infecundo, pero si muere, da mucho fruto”.

También recordó que la santidad “es el sentido último de toda programación pastoral”, aunque “no es patrimonio exclusivo de los genios del espíritu porque todos, jóvenes y adultos, ancianos y niños, sabios o iletrados, solteros o casados, estamos llamados a la santidad más alta”.

Recuerdo permanente

Al acabar la misa, el obispo –tras felicitar al párroco, Antonio Jurado, por su trabajo en la feligresía– descubrió una cartela que, en la capilla del Sagrario, recordará este Año Jubilar de la Eucaristía y los Mártires.

En la misma capilla, durante todo el día, estuvo expuesta a la veneración de los fieles la reliquia de los Santos Mártires. Y un detalle más de homenaje a los cristianos cuyos restos se veneran en la urna: Felisa Gómez, viuda de Antonio Moyano Ruiz, autor del Opúsculo martirial publicado en 1959 y 1975, ha reeditado a sus expensas el citado librito, hasta ahora una joya bibliográfica poco difundida.

Al terminar la misa, sólo quedaban en el templo el humo del incienso y los ecos del orfeón. Joaquín Pedrosa, el sacristán, recogía con su eficiencia habitual los elementos que habían participado en esta misa en honor de los patronos, una fiesta a la que asistieron muchos más cordobeses que las dos decenas escasas que se reunían hace diez años en la ermita de la Ribera.

(Enlace a la publicación original)

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Portada del 'Opúsculo martirial'Nueva edición del ‘Opúsculo martirial’

La viuda de Antonio Moyano Ruiz, Felisa Gómez, ha publicado a sus expensas una nueva edición —la tercera— del valioso Opúsculo Martirial que su difunto esposo editara en 1959 y reeditara en 1975; la reedición se justifica “como homenaje devocional a las reliquias de los Santos Mártires en el XVII Centenario del Martirio de San Acisclo y Santa Victoria”, según reza en su interior. El librito, que se distribuye gratuitamente, se puede conseguir en la parroquia de San Pedro. Su texto, completamente digitalizado, se puede leer en esta misma página web (haciendo clic aquí).

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