
Los principales actos de culto de esta hermandad son los siguientes:
Se celebra los tres días inmediatamente anteriores al Miércoles de Ceniza.
Comienza el Miércoles de Ceniza y termina el primer domingo de Cuaresma. Este último día se celebra la Fiesta principal solemne y comunión general, con Protestación Pública de Fe de los hermanos.
Besapiés y besamanos del año 2004 |
Tiene lugar el Domingo de Pasión.
Via Crucis del año 2004 en la plaza de San Pedro |
Se celebra en la tarde—noche del Viernes de Dolores.
Tiene lugar el Miércoles Santo. Para más información sobre el cortejo procesional, haga clic aquí.
Se celebra el 27 de julio en el monasterio de religiosas jerónimas de Santa Marta.
Tiene lugar el 15 de septiembre, en conmemoración de la festividad de Nuestra Señora de los Dolores Gloriosos y para recordar que la imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo tuvo en tiempos pasados la advocación de Nuestra Señora de los Dolores.
Se celebran en el mes de noviembre, y tienen como pórtico una misa de rito mozárabe que tiene lugar el día 17 en honor de los patronos de Córdoba, San Acisclo y SantaVictoria.
Tiene lugar todos los miércoles del año en la parroquia de San Pedro a las 19.30 horas en horario de invierno y a las 20.00 en horario de verano.
La hermandad dispone de textos e himnos litúrgicos propios, aprobados por los obispos de Córdoba. Entre estos textos figuran el himno a los Santos Mártires de Córdoba y oraciones dedicadas al Santísimo Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo, y que reproducimos a continuación.
Dios te salve, María, concebida sin mancha de pecado original; Hija
del Padre, Madre del Hijo, Esposa del Espíritu Santo, asunta en cuerpo
y alma a los cielos. Nosotros, hijos tuyos también y herederos de la
gloria prometida por Jesucristo, estamos aquí, ante tu imagen lacrimosa
y desamparada, para considerar tus Dolores, padecidos en la Pasión de
tu Divino Hijo para redimirnos del pecado y de la muerte eterna. Consíguenos,
Señora, la gracia suficiente para ser dignos de Ti y de Nuestro Señor,
por cuya Misericordia, ayudados por tu poderosa intercesión, esperamos
alcanzar la vida eterna en el cielo. Amén.
Por el dolor que produjo en tu alma la profecía de Simeón
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Por las angustias que padeciste al perder el Divino Niño
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Por los dolores que sufriste en la calle de la Amargura
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Por las Lágrimas que derramaste al pie de la cruz
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Por el Desamparo de tu Soledad
Ruega por nosotros para que seamos dignos de alcanzas y gozar las promesas
de Nuestro Señor Jesucristo, Amén.
Dios omnipotente, Señor de cielos y tierra, Padre Eterno y Creador de
todas las cosas, Hijo hecho hombre en las entrañas purísimas
de María por gracia y obra del Espíritu Santo; esencia única
de la Santísima Trinidad: aquí tienes reunidos a unos hijos tuyos
que quieren amarte, servirte y merecerte.
Sabemos que sólo la fe en Ti puede anular nuestras pasiones, enmendar
nuestros errores y neutralizar sus consecuencias, hacer compatible la grandeza
de nuestras almas con la miseria de nuestros cuerpos y llevarnos por camino seguro
a la Bienaventuranza Eterna.
Por ello hacemos pública confesión de esa fe, y confiamos en tu
Misericordia infinita. ¡No nos abandones, Señor! Inspíranos
el Amor inmenso de tu Divinidad, consérvanos en el servicio de tu Iglesia
y danos los merecimientos de tu Gloria, donde vives y reinas en unidad del Espíritu
Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.
Por las angustias que padeciste orando en el huerto de Getsemaní
¡Misericordia, Señor!
Por las humillaciones que soportaste en el Pretorio
¡Misericordia, Señor!
Por los azotes que sufriste amarrado a la Columna
¡Misericordia, Señor!
Por tu corona de espinas
¡Misericordia, Señor!
Por los clavos que taladraron tus pies y tus manos
¡Misericordia, Señor!
Por la lanzada que abrió tu pecho
¡Misericordia, Señor!
Por tu Cruz y tu Calvario
¡Misericordia, Señor!
Apiádate del dolor,
El pesar y el abandono
De los que al pie de tu trono
Vienen a ofrendar su amor;
De sus penas incesantes
Calma el acerbo dolor
Que te ofrecen suplicantes:
Por tus heridas sangrantes,
¡Misericordia, Señor!
(Puede descargar la partitura de esta plegaria haciendo
clic aquí)
Sagrados Mártires de Cristo, ilustres héroes de su milicia, ejemplares
de toda virtud, baluarte inexpugnable de la fe, que con valerosa constancia
expusisteis vuestras vidas al rigor de los martirios más severos tolerando
intensísimos tormentos y derramando vuestra sangre preciosa hasta dar
la vida a los filos del cuchillo por el amor de Cristo: haced, gloriosos protectores
míos, que imitando vuestras virtudes, practique yo la misma constancia
en vencer mis tres enemigos, que con el mismo ímpetu que los tiranos
os querían quitar no sólo la vida del cuerpo sino la del alma,
con el mismo me invaden ésta; para que, conseguida su victoria, pueda
con mayor mérito rendirme a vuestros pies, y solicitar de vuestra poderosa
intercesión, consiga del Señor, que presentándole vuestros
méritos, me conceda lo que por ellos le pido; siendo para honra suya,
accidental gloria vuestra, y utilidad de mi alma; y si no me conviene su cumplimiento
para mi salvación eterna, trocad mis ruegos, y pedid para mí a
Dios me conceda aquello que yo más necesito para agradarle y gozarle
en la feliz mansión de la bienaventuranza. Amén.
Entonemos un himno de gloria,
de alegría, de triunfo y de honor,
que en el cielo resuenen los cantos
que hoy elevan la fe y el amor.
Huesos puros, reliquias benditas
que exhaláis un aroma del cielo,
sois las perlas que tiene este suelo
de más grande y más rico valor;
sois pedazos de mártires santos
que esta tierra con sangre regaron.
que al morir en la lucha triunfaron
y subieron a unirse al Señor.
Al miraros se enciende en el pecho
del amor más sublime la llama,
y la fe de esta patria se inflama
cuando os lleva creyente a besar.
Que no muera la fe cordobesa,
que sus hijos confiesen y crean
que estas santas reliquias hoy sean
las que digan cual lenguas amar.
¡Oh, que gloria tener en su seno
esta tierra tan gratos despojos!
¡ Cordobeses, postrados de hinojos,
Acercaos con respeto al altar!
Y mirad las reliquias sagradas
de quien supo morir con nobleza,
inclinad. inclinad la cabeza
y pedid su virtud imitar.

| Inicio |