FOTOS DEL BESAPIÉS Y DE LA BENDICIÓN DEL ESTANDARTE SACRAMENTAL
Nuestro hermano Antonio de la Rubia, costalero de la cofradía, ha hecho llegar a esta página web sus impresiones y reflexiones tras la estación de penitencia de 2005, que gustosamente reproducimos a continuación.
La tarde no prometía, pues pese a ser las seis y media el cielo –oscuro y claro– nos contemplaba. Como cada año y así durante diecisiete años, me presenté como un hermano más en la puerta del templo, con abrazos entre mis compañeros costaleros, nos preguntábamos cómo nos iba la vida, y como pregunta obligatoria, nos la hacíamos unos a los otros: “¿Lloverá o no?”. Inconscientemente todos, completamente convencidos, decíamos que no llovería, ¿cómo iba a llover para nosotros si durante veinte años, el sol nos saludaba y las estrellas nos presentaban a su hermana la luna, la cual daba las buenas noches a ese Cristo y a su Madre? Pese a ello, algunos de nosotros así como algunos otros hermanos, decían que estaba lloviendo cerca, y que esta hermandad por su prestigio y solera ya tenía decidido no salir a la calle.
Sin pena y claro está sin gloria, fuimos entrando. Nos mirábamos unos a los otros plenamente convencidos de que era muy probable no salir; pero, para nuestra sorpresa, se decidió salir, lo cual rompía con las estadísticas, un aplauso seco se oyó, parecía que no queríamos hablar por si el ruido hacia que el tiempo empeorara. Ya en la calle, aun algunas personas seguían diciendo: “¡Cómo se atreven, esto no se puede admitir, se está jugando con el patrimonio, el prestigio y la coherencia!”, otros decían: “¡Bendita sorpresa!”. Poco a poco fuimos adentrándonos en la calle del Poyo: ni un mal movimiento, serenos, sin perder la compostura, por cada balcón íbamos enseñando, a un dedo de rozar, la sombra del Crucificado, plasmada en la cal blanca de las paredes, ni un respiro, parecía que anduviera solo. Dentro del paso, y ya en la Corredera, el capataz nos dice que llovía y que había que dar la vuelta. Con las mismas, así lo hicimos: igualmente regresamos sin chasquear, obedeciendo con exactitud la voz de un capataz joven pero experimentado, la voz de un amigo; detrás, y majestuosa, la madre de Dios, con unas lágrimas de amor, con un rostro de dolor por un Hijo. Una levantá, la última mandada por una voz que son los ojos de un palio, para levantar a un cristo ya adentro, nos despedía hasta el año que viene, sensación de poco pero siempre intenso, aun los mismos seguían diciendo: “¡Qué vergüenza, una hermandad como esta no puede dar esta imagen, no deberíamos haber salido, de todas formas para que nos ha servido!”.
Bien, yo sólo digo que nos ha servido para mucho. Estando en el interior de la iglesia y antes de la estación de penitencia, me acerqué a un hermano que hablaba solo mirando al Cristo, y le decía: “Estás viejo, se te ve triste, ¿qué habrás visto y escuchado a lo largo de tantos años, cuántas cosas llevas en tus espaldas, cuántas penas y desgracias, cuantas risas y alegrías?, cada año que te veo, te veo diferente, dicen que por ti no pasan los años, y yo creo que sí, no sufras más y déjanos a nosotros sufrir durante un rato haciendo la estación de penitencia, tú descansa, nosotros llevaremos tu peso, y aprovecha el paseo por el pueblo en el que te dejaron cientos de años atrás”.
Al salir por la puerta, y tras “a media altura el paso por igual”, un niño de unos siete años le preguntaba a su abuelo: “Tato, quién es El, por qué lo llevan así y le ponen flores rojas?”, el abuelo le decía, “Es el Señor, probrecito, lo llevan por nosotros, y le ponen flores rojas, pues está muerto”. El niño empezó a llorar y a decir: “Igual que a la tata ¿no, abuelo?”, y el abuelo le decía: “Sí, hijo mío, igual que a la Tata”.
Esto es solo una pequeña anécdota del Miércoles Santo; sin duda habrá muchísimas, pero me sirven para contestar a algunos que opinaban: es cierto que, si no hubiéramos salido, no hubiera pasado nada, tampoco pasó al salir, pero Él lo quiso así, salimos y no nos permitió estar mucho tiempo en la calle, prefirió seguir sufriendo Él, y no nos dejó sufrir mucho durante la estación de penitencia; salió, vio y decidió volver a su capilla, pues quizás lo que vio en el mundo no es de su agrado, pues este mundo, hermanos, necesita mucho perdón y mucha Misericordia. Al salir, ese niño vio al Señor con sus propios ojos y seguro que se le quedó marcado, pues si no hubiera salido, no le hubiera contado el abuelo, en vida real, por qué murió por nosotros.
Todo esto y más, estoy obligado a utilizarlo para decirles a aquellos que opinaban, que con su forma de pensar tan desfasada no vamos a ninguna parte, el prestigio es para los que lo buscan, nosotros no lo buscamos, y si seguimos pensando de esa forma que quizás en tiempos pasados se estilaba, veremos al Cristo no en la calle, sino en libros y fotografías. La cofradía se creó para mostrar al mundo la Misericordia de Dios y enseñar cómo ocurrió todo, para dar ilusión y descargar nuestras penas, para ser felices y enseñar aquello que durante cada año se encuentra tras las vitrinas. El mundo necesita divulgar la creencia y el amor de la forma más real y práctica posible, sobre todo en estos días donde amar al prójimo como Él nos amó luce por su ausencia, y eso se consigue enseñando al pueblo, cómo murió por nosotros. ¿Acaso un libro es tan real y transmite tanto sentimiento?
Por todo ello, gracias, Señor por haber permitido
pasear a esta talla, y junto a sus lágrimas, mostrar ese Crucificado
al mundo otra vez, gracias...
Antonio de la Rubia Pozuelo
La hermandad estrenó en su estación de penitencia 2005 los siguientes enseres:
Además de los cultos establecidos en los estatutos, tuvieron lugar en la Cuaresma de 2005 otros actos como los siguientes:
La Caja de Ahorros San Fernando presentó el pasado viernes día 18 de febrero en San Pedro su cartel de Semana Santa de Córdoba 2005, que representa a Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo en una fotografía de José Ignacio Aguilera Castelló. El acto de presentación se completó con un magnífico concierto de marchas procesionales a cargo de la banda de música Maestro Tejera de Sevilla.
El Sábado de Pasión, día 19 de marzo, nuestra casa de hermandad acogió, cumpliento el turno rotatorio establecido, el acto de convivencia con las cofradías del Miércoles Santo. Tras la celebración de la Santa Misa en la parroquia de San Pedro, las juntas de gobierno de las cinco hermandades (Pasión, el Perdón, el Calvario, la Paz y Esperanza y la Misericordia), pasaron a la sede social de nuestra cofradía para compartir unos minutos de convivencia, diálogo e intercambio de experiencias.
Después de muchos años de ausencia de Córdoba -se trasladó hace décadas a vivir a Madrid por motivos profesionales-, nuestro ex hermano mayor Manuel Hernández García visitó el Martes Santo, día 22 de marzo, la parroquia de San Pedro, donde se procedía a los preparativos inmediatos para la estación de penitencia, y la casa de hermandad, donde compartió recuerdos y emociones con los actuales responsables de la cofradía.
En la casa de hermandad, fue recibido por miembros de la junta de gobierno y el hermano mayor le impuso la medalla con que los hermanos de más de 50 años de antigüedad en la cofradía fueron distinguidos el pasado 15 de septiembre. Muy emocionado, Manuel Hernández mostró su agradecimiento y su satisfacción por la pujanza de la hermandad en el tiempo presente.
Posteriormente, y en el transcurso de un homenaje familiar al veterano cofrade, se reunieron con él otros seis hermanos mayores, que posaron para una foto que recoge, en las personas de los que han sido máximos dirigentes de la cofradía, un total de veinticuatro años de historia de la hermandad de la Misericordia.
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