
Fue el 25 de octubre de 2006. En el corazón de la Iglesia Católica, en la plaza de San Pedro del Vaticano, nuestra hermandad de la Misericordia, representada por su hermano mayor y varios cofrades, hizo patente su veneración filial a la persona y la figura del Papa Benedicto XVI, el Pontífice que el 23 de noviembre de 2005 había elevado la parroquia de San Pedro de Córdoba, en la que tiene su sede la cofradía, a la categoría de Basílica Pontificia Menor.


En la Ciudad Eterna brillaba el sol sobre un cielo azul concepcionista. Varios miles de personas, venidos de más de 40 países del mundo, comenzamos a sentir el abrazo universal de la columnata de Bernini más de dos horas antes de la llegada del Pontífice; entre ellos estábamos los peregrinos desplazados para la ocasión desde la Colonia Patricia de la Bética, que esperamos tan ansiosos como ilusionados la llegada del sucesor del primer Apóstol. Y quizá no fue casualidad, sino Providencia, que una vez llegado el Papa y comenzada la audiencia, la alocución de Benedicto XVI versara sobre la figura de San Pablo, el apóstol de los gentiles que comparte con el pescador de Galilea la condición de columna y fundamento de la Iglesia Católica. En un breve mensaje que demuestra su grandeza de teólogo y de pastor, Benedicto XVI sintetizó la vida, el carácter y el ejemplo de Saulo, destacando especialmente el cambio radical que supuso en su vida el encuentro con Cristo Resucitado —“desde aquel momento puso todas sus energías al servicio exclusivo de Jesucristo y de su Evangelio”, dijo el Papa— y “la dimensión universal que caracteriza a su apostolado”, es decir, su condición de apóstol que extendió el mensaje de Jesús por todo el mundo conocido de su tiempo.
(Si desea leer en su integridad el mensaje de Su Santidad en la audiencia general del 25 de octubre, haga clic aquí).
Al término de la audiencia, y después de impartir la bendición apostólica —“extensiva a todas las familias y personas cercanas a los peregrinos, especialmente a los enfermos”—, Su Santidad se aproximó a la tribuna de invitados, donde saludó y departió cordialmente a las personas allí congregadas: entre ellas estaban el hermano mayor de nuestra hermandad, Manuel Ramírez Pérez, y el vicetesorero, Pablo Lucena Hidalgo. Al llegar el Papa al lugar donde se hallaban, y después de que ambos le besaran el anillo, el hermano mayor le entregó una medalla de la hermandad, que el propio Pontífice se colocó junto a la cruz pectoral, ante la emoción y la alegría de quienes pudieron contemplar la escena. Antes de que Benedicto XVI se pusiera la medalla, había recibido una acuarela pintada por el artista cordobés Rafael Romero del Rosal, y que representa de forma alegórica al Cristo de la Misericordia, la puerta de la Basílica de San Pedro de Córdoba, unos nazarenos de nuestra hermandad y la urna—relicario de los Santos Mártires. El cuadro había sido realizado por su autor de forma totalmente desinteresada y donado a la hermandad unos días antes para su entrega al Papa. (Si desea ver el cuadro en manos de su autor, haga clic aquí). En el marco se había colocado la siguiente dedicatoria con texto latino, que reproducimos a continuación junto con la traducción al español:
CONFRATERNITAS SANCTISSIMI SACRAMENTI SANCTORVMQUE MARTYRVM CORDVBENSIVM, SANCTISSIMI CHRISTI MISERICORDIAE ET DOMINAE NOSTRAE LACRIMARVM IN DERELICTIONE AD BENEDICTVM P.P. XVI CVM FILIALE DEVOTIONE IN AGGREGATIONE TEMPLI SANCTI PETRI CORDVBENSIS IN NVMERO BASSILICARVM MINORVM SANCTAE ROMANAE ECCLESIAE CORDVBAE – ROMAE, XXV OCT MMVI |
LA HERMANDAD DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO Y SANTOS MÁRTIRES DE CÓRDOBA, DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA MISERICORDIA Y NUESTRA SEÑORA DE LAS LÁGRIMAS EN SU DESAMPARO AL PAPA BENEDICTO XVI, CON FILIAL DEVOCIÓN, EN LA AGREGACIÓN DEL TEMPLO DE SAN PEDRO DE CÓRDOBA AL NÚMERO DE LAS BASÍLICAS MENORES DE LA SANTA IGLESIA ROMANA CÓRDOBA – ROMA, 25 OCTUBRE 2006 |
![]() |
EL
HERMANO MAYOR SE DISPONE A ENTREGAR A SU SANTIDAD EL PAPA EL CUADRO
Y LA MEDALLA DE LA HERMANDAD |
La peregrinación, una auténtica romería —la palabra “romería” viene precisamente del nombre de Roma— se había iniciado dos días antes con la visita a algunos de los lugares más emblemáticos de la Ciudad Eterna: las basílicas de San Pedro del Vaticano, Santa María la Mayor y San Juan de Letrán —donde hicimos unos minutos de oración ante la Scala Santa— y las Catacumbas de San Calixto.
INTERIOR DE LA BASÍLICA DE SAN PEDRO |
|
INTERIOR DE LA BASÍLICA DE SANTA MARÍA LA MAYOR |
INTERIOR DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN |
LA SCALA SANTA, EN LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN |
UMBELA BASILICAL, EN LA FACHADA DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN |
DETALLE DEL INTERIOR DE LAS CATACUMBAS DE SAN CALIXTO |
Los peregrinos regresamos a Córdoba el jueves día 26, con la satisfacción de haber sentido profundamente la universalidad de la Iglesia y la cercanía de Pedro —Pedro se llama hoy Benedicto XVI—, así como de haber agradecido al Papa la proclamación de la parroquia de San Pedro Basílica Pontificia; la pequeña vanidad de saber que esta hermandad ha sido la primera de nuestra capital en imponer su medalla a un Sumo Pontífice es perfectamente disculpable.
PARA ACCEDER AL ÁLBUM COMPLETO DEL ENCUENTRO DEL PAPA CON EL HERMANO MAYOR, HAGA CLIC AQUÍ
| Inicio |