Privilegio y compromiso

CRÓNICA DE UNA JORNADA HISTÓRICA PARA LA FELIGRESÍA DE SAN PEDRO

Dos grandes colgaduras con los colores vaticanos -blanco y amarillo- escoltaban la entrada de San Pedro. En la plaza, los balcones estaban también engalanados. Dentro del templo, el obispo presidió la misa solemne en la que adquiría carácter oficial y efectivo el decreto firmado por Benedicto XVI el 23 de noviembre del año pasado por el que el histórico templo adquiría la condición de basílica pontificia menor. En el presbiterio, el prelado estaba acompañado por una decena de sacerdotes, entre ellos el vicario de ciudad, monseñor Manuel María Hinojosa Petit, y el párroco de San Pedro, monseñor Antonio Jurado Torrero; ante el altar, un gran centro de flores de los citados colores pontificios. No había asientos libres en los bancos, donde se apretaban felizmente feligreses de ahora y de antes, miembros de las hermandades de la parroquia y hasta representantes políticos que asistieron atentamente a la liturgia. Las voces del coro parroquial ponían una emotiva nota de solemnidad y cercanía. Y la luz se colaba desde las altas vidrieras, haciendo casi innecesaria la iluminación eléctrica en la nave central.

La misa se desarrolló con la normalidad de un domingo del tiempo ordinario hasta la terminación del evangelio. En ese momento, el párroco, monseñor Antonio Jurado, dio lectura al decreto papal que concede el título de basílica menor “con todos los derechos y concesiones competentes”. También leyó la carta del cardenal Francis Arinze, prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto y la Disciplina de los Sacramentos, en la que el purpurado felicitaba al obispo de Córdoba por la concesión y animaba a que en San Pedro se potencien las iniciativas litúrgicas y pastorales para que sea “ejemplo e inspiración de otras iglesias de la diócesis”.

Texto latino del decreto que eleva la parroquia de San Pedro a la categoría de Basílica Menor

Las lecturas del decreto papal y de la carta dieron paso a una pausa en la que los asistentes sintonizaron su alegría interior con un hermoso concierto de bronce en el que las campanas de la vieja parroquia repicaron de alegría por la concesión, con un eco que se colaba por ventanas y vidrieras de la mano de la luz de una mañana de nubes luminosas.

Y entonces tomó la palabra Juan José Asenjo, para comenzar diciendo que, si dar gracias a los demás es señal de sensibilidad humana, “con más razón hay que dar gracias al Dios de quien procede todo bien”. Sobre la distinción de que se ha hecho objeto a la parroquia de San Pedro, señaló que se ha hecho “en consideración a la magnificencia histórica y artística del templo, y sobre todo a que en ella se custodia el tesoro más preciado de la ciudad, que son las reliquias de los Santos Mártires”.

Después de resaltar la gratitud de la comunidad cristiana al Papa, recordó las responsabilidades que supone el nombramiento: “La especial vinculación pontificia nos compromete, por ejemplo, a conocer y difundir las enseñanzas del Pontífice, a ser una comunidad orante y fervorosa, a cuidar las ceremonias litúrgicas dotándolas de la debida solemnidad, a renovar el compromiso con los más pobres y, en síntesis, a ser una parroquia viva, dinámica, participativa y comprometida con la Iglesia”. Sin olvidar la referencia a las lecturas propias del día, cerró su intervención pidiendo la intercesión de los Santos Mártires, de Santa teresa y de la Madre de Dios para que “nos ayuden a poner al Señor como el verdadero eje y centro de nuestra vida”. La recitación del Credo apostólico, de tan honda tradición en la Iglesia, llenaba la boca de los feligreses, tras la proclamación de la basílica, del sabor siempre nuevo de la fe.

Al término de la misa, y después de que el obispo impartiera la bendición, el párroco le agradeció sus gestiones para llevar a buen término la iniciativa de promover la declaración de San Pedro como basílica menor. También recordó a los asistentes que la ceremonia se había celebrado el 15 de octubre que -además de la festividad de Santa Teresa- es el cumpleaños del prelado, por lo que la comunidad parroquial, en la persona de Manuel Guerrero, le hacía entrega de un obsequio y de un donativo en metálico “para los fines que el señor obispo considere oportuno”.

Cerró el acto monseñor Asenjo Pelegrina, explicando brevemente los privilegios que supone la declaración de basílica menor, entre ellos la nueva denominación del templo como “Basílica Pontificia de San Pedro”, la colocación del emblema papal en la fachada, la realización de una umbela o accesorio litúrgico de simbolismo pontificio que abrirá las procesiones claustrales, y la presencia de la tiara y las llaves en los ornamentos litúrgicos.

También recordó las condiciones para lograr la indulgencia plenaria (confesión sacramental, comunión, rezar la profesión de fe y orar por las intenciones del Papa) y enumeró las fechas en que se podrá lucrar esta prerrogativa espiritual en la nueva basílica, que serán las siguientes:

22 de febrero: fiesta de la Cátedra de San Pedro

29 de junio: festividad de San Pedro, titular de la basílica

15 de octubre: proclamación oficial del título de basílica

17 de noviembre: día de San Acisclo y Santa Victoria, patronos de Córdoba

23 de noviembre: decreto pontificio de elevación del templo a la condición basilical

El obispo afirmó que queda pendiente también de confirmar otra fecha, que conmemore la primera dedicación del templo.


Información complementaria en la crónica de los actos principales del Año Jubilar de los Santos Mártires

 

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